
Un diseñador piensa la vida como una experiencia estética. Y propone soluciones que vibran a medio camino entre lo pragmático y lo artístico; mapas sensibles que conectan a las personas con objetos y mensajes y producen experiencias que pueden resultar placenteras, fértiles, excitantes y reveladoras, si están bien concebidas y desarrolladas.
Leer un libro, caminar un edificio, pedalear en una bicicleta, ojear un afiche, prender un computador, encontrar una calle; nuestras vidas urbanas y post industriales están mediadas por experiencias sensoriales nacidas de la necesidad, de la seducción consumista, de la transformación utilitaria de la cultura, de la sed de futuro. Todas esas experiencias tienen en común, de manera voluntaria o involuntaria, una buena dosis de diseño.






Con el sustrato digital y las posibilidades de internet la fotografía cambió irremediablemente.